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Madrid, Spain
El ruido del interruptor fundió la luz y en la oscuridad no hallé luciérnagas.

lunes, 11 de agosto de 2014

FERNANDO Y SU MOMENTO





Un cigarrillo humeaba placer en los gruesos labios de Fernando, mientras su inmenso culo ya escuchaba el canto de sirenas de sus tripas. La acción se desarrollaba en un retrete angosto, embutido en un habitáculo reducido, con una rejilla de ventilación que no cumplía en su tamaño, las medidas exigidas por la legislación vigente.
En la primera evacuación de las "aguas mayores" el aire era aún respirable. Fernando se percató que la brasa del pitillo acariciaba caliente el inicio de la boquilla. Apartó el filtro de su carnosa boca a la vez que su esfínter se dilataba hasta liberar esa criatura gaseosa atrapada en el caudal sólido de sus residuos.
La mezcla en ese medio ambiente intimista y las brasas del fumeteo fueron el detonante de la explosión. Los labios de Fernando se desperdigaron por el suelo, deflagados, eran luciérnagas. Se llevó la mano a la boca y solo encontró dientes... perdió el conocimiento.
El incendio en el retrete del tercer piso pronto se extendió por todo el edificio, ocho horas tardaron los bomberos en la extinción del fuego, en la duración del suceso se amasó la tragedia.
Fernando con quemaduras de tercer grado en gran parte de su cuerpo, y en la unidad de quemados lloraba desconsolado por la muerte  de la familia del octavo. Apretó sus dientes visibles a falta de labios y se dijo para sí, - dejo de fumar por mis cojones, es el momento.

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